Una vez más...

miércoles, 4 de marzo de 2009

Su lengua, ligeramente humedecida, iba acariciando su pecho. Lentamente. Cada centímetro de su piel, como si fuera un metro. Disfrutando milímetro a milímetro, bajando suavemente por su vientre hasta llegar a la altura del ombligo. Él quería gritar, gemir, retorcerse de placer… Y ella lo sabía. No querían que ese momento acabara. Solos ellos dos, nadie más. Todo lo malo que pudiera pasar, pasaría antes o después, pero no en ese momento. Ese momento era solo suyo. Nadie podía interferir, ni molestar. Solos los dos, cuerpo contra cuerpo. Jugando a hacerse disfrutar mutuamente. Nada podía mejorar ese momento. Mordiscos, besos, caricias… Todo era poco para ellos. Porque se amaban. Porque nada podía hacerlos más felices. Con las miradas podían derretir un iceberg. La cama se les quedaba pequeña. ¡No podían parar! Todo les parecía maravilloso. Aún no había terminado y ya estaban esperando que empezara otra vez. Gemidos, arrullos, suspiros descontrolados… Esos dos cuerpos rozándose, tan apretados y juntos, que parecía que iba a llegar a ser uno solo. Ellos lo sentían así. En ese momento eran uno. Los gemidos y gritos se intensificaban cada vez más. Todo era increíble. Sus corazones latían completamente descontrolados. Solo querían más, un poco más… Finalmente, empezaron a relajarse y solo se oyó un profundo Te quiero.

La llama eterna.

2 de diciembre...

martes, 2 de diciembre de 2008

Tres meses sin ti, tres meses completos. La mayor prueba de amor vivida, la peor pesadilla vivida y, me atrevería a decir, por vivir. Hoy sé cómo se siente un preso que está apunto de cumplir su condena, quizás no sea el mismo motivo, pero sí el mismo sentimiento: la imaginación se dispara imaginando las miles de cosas que te gustaría hacer cuando vuelvas a ser “libre”, vuelves a imaginar la belleza de las cosas, vuelves a sentir el brillo en la mirada y ganas de sonreír, sinceras, por cualquier motivo, no hace falta excusa… Pero todo se desvanece como si no fuese nada, como si quedara en un rincón de la imaginación o simplemente, fuera una simple suposición. La tortura no ha acabado. Aún quedan los últimos giros de esas ruedas que te rodean en tu propio potro de tortura, aún siguen ahí y, esos son los que más duelen. A pesar de ello, cuando creas que todo acaba, no debes olvidar las heridas y conmociones del potro…

Después de eso, sólo puedes pensar en ello y reírte, reírte como nunca antes lo habías hecho… Ahora parece estúpido ese momento. ¿Cómo reírte de algo por lo que ahora sueltas tantas lágrimas? No importa, no es estúpido, es la solución. Además, algunas personas somos expertas en eliminar de la mente y del recuerdo todo aquello que nos hace daño. Yo soy buena para eso, siempre lo he sido, ¿por qué debe cambiar?

Es muy difícil describir un sentimiento, y más cuando es amargo. Nunca hay palabras. La mejor forma de explicarlo es con un triste y sordo sollozo que nadie oirá y al mismo tiempo, retumbará en tu cabeza durante un poco de tiempo.

Acostúmbrate a tu vida, eres el dueño de ella.

La llama eterna.

Y la llama eterna se fue apagando...

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Y la llama eterna se fue apagando… Y cuanto más intentaba avivar sus llamas, más intentaba apagarla el destino. Los rescoldos humeantes ya sólo dejan ver el recuerdo de lo que fue. Ya no quema, no arde, ni siquiera calienta las manos de aquellos a los que le gustaba arrimarse… ¿Y ahora qué? Si incluso el viento, que en otras ocasiones había expandido las llamas, ahora se pone en contra para ayudar a extinguirlas…

Lloro por el fuego que se está perdiendo, y las lágrimas sólo ayudan a apagarlo un poco más, lágrima a lágrima... Me doy cuenta de que el molesto humo de los restos de lo que fue, irritan los ojos de aquellos que lo miran. ¡¡Aquí no hay ningún espectáculo, no pierdas tu tiempo!! Aún así, finjo seguir ardiendo para que no falte la luz, pero cada vez alumbra menos. Necesito que alguien consiga esa chipa que hará que el fuego se avive y vuelva la luz, necesito que alguien mantenga calientes esos rescoldos, necesito parar de apagarlo, necesito las palabras que harán que arda de nuevo…

Y aquí quedo pidiendo lo que nadie puede dar, mientras la llama se va apagando más y más, sin poder evitarlo y por algo que yo no elegí. Me gustaba el calor que proporcionaba, ahora ya, no me queda nada.

Y la llama eterna se fue apagando…

La llama eterna.

Sólo un cuento de hadas... o no?

jueves, 30 de octubre de 2008

“Es sólo una noche”, decían… A partir de ese día dejaron de opinar igual.

Era la tarde del 31 de octubre de un año que aún no recuerdo muy bien. El día pintaba gris, como era costumbre en esta zona y en esta época del año. Mis amigos hablaban de hacer fiestas y gamberradas. Yo, por mi parte, prefería pasear, vestida como, en cualquier otro día del año, me mirarían como un bicho raro. Quizá con motivos.

Cuando la noche avanzaba con sus horas, yo me dispuse a salir.

-Hoy no es día para andar sola, niña- dijo una voz detrás mía.

-Tranquila, abuela, no ocurrirá nada.

En ese momento, mi abuela, sólo supo mirarme a los ojos, con una mirada que no le había visto nunca y que me costaba descifrar: algo entre miedo y alegría u orgullo… No estoy segura. Aún mirándome con esos ojos que tanto me llamaban la atención, se acercó hasta mí, y cogió mi mano para besarla, cuando la soltó, yo sostenía en ella una pequeña bolsita de tela morada con un extraño símbolo bordado en él con hilo dorado. No sabía para qué quería aquello, pero algo me decía que no debía preguntar.

Cogí mi bolso, depositando en él la bolsita morada, y salí de casa, con mi falda larga negra, mi camiseta negra y mis uñas y mis labios pintados de negro. Hoy me sentía yo. Empecé a caminar pensando en qué contendría esa bolsita, pero no me sentía con ganas, ni con la curiosidad necesaria para mirar dentro de él. De todas formas, no me lo podía quitar de la cabeza.

Cuando quise darme cuenta, iba caminando por una calle oscura y vacía, que, aunque no fuera muy sensato, conducía hasta el cementerio. Yo no quería ir hasta allí, era un día demasiado delicado para ir allí. Así que, sin pensar dónde me dirigiría, desvíe mi trayectoria.

Cuando llevaba 15 minutos andando, me di cuenta de que iba caminando por el medio del bosque. No estaba segura de cómo había llegado hasta allí, y lo que aún era peor: cómo iba a salir de allí. Estaba demasiado oscuro para intentar guiarme, el día estaba nublado y no me acompañaba ni la luz de la luna… O eso creía yo. Al mirar hacia arriba, vi una enorme luna llena que parecía mirarme. No pude evitar la curiosidad, y sin apartar la mirada ni un segundo, empecé a caminar hacia ella, como si pudiera alcanzarla. Aún así, no podía dejar de caminar. Me encontraba como si estuviera hipnotizada o en algún tipo de estado de shock, pero tampoco quería dejar de hacerlo.

Después de un gran rato caminando, no sé exactamente cuanto. Pude despegar la vista de la luna, porque había una luz que resplandecía aún más fuerte. Yendo hacia ella, mi mente no dejaba de pensar cómo podía verse la luna, con una luz tan fuerte si ni siquiera se veía una estrella… Estaba el cielo tan nublado que parecía incluso, que en cualquier instante iba a comenzar a llover. Aún así, la luna seguía ahí, aunque ahora, en vez de llamarme, me acobardaba del recuerdo.

Sin darme cuenta, llegué hasta la luz que brillaba, no quería acercarme. Por algún extraño motivo, en un pueblecito en el que todo el mundo se conoce, había un lugar que parecía inexplorado… Me asomé un poco, desde detrás de un arbusto o un árbol… No pude pararme a pensarlo. Había una especie de caldero en medio de un montón de piedras colocadas en forma de círculo. Parecía estar metida en una de esas películas de Halloween que dan por la tele para los niños. Pero, aun siendo real, no era eso lo que más me sorprendía… El caldero tenía el mismo símbolo dibujado que la bolsita morada que mi abuela me había entregado antes de salir. Justo en ese momento, me picó la curiosidad, y cuando estaba a punto de mirar dentro de la bolsita, una mano tocó mi hombro diciendo: “Ya pensábamos que no vendrías”. Era la primera vez que escuchaba esa voz, pero al mismo tiempo me sonaba tan familiar… No me di la vuelta para ver quien era, sólo apreté la bolsita dentro de mi mano tan fuerte como puede.

Una mujer, muy hermosa, por cierto, apareció frente a mí. Tenía unos ojos verdes intensos, y parecían brillar aún más cuando alzaba la mirada, frente a la luz de la luna llena. Ella, sin dejar de mirarme directamente a los ojos, me dijo:

-Creo que tienes algo para mí, ¿es cierto?

No sabía por qué, pero sentí la necesidad de darle la bolsita que aún sostenía fuertemente en mi mano. Así que, alcé muy despacio mi brazo, y cuando estaba a la altura del hombro, abrí la mano, pero esa mujer ya tenía su mano debajo para cogerlo.

-Muchas gracias, pensábamos que no ibas a llegar a tiempo. Mi nombre es Selene, y aunque tú no me puedas ver, te cuido todas las noches.

-Tus ojos… -Con la voz totalmente quebrada, no fui capaz de decir otra cosa, pero parecían ser las palabras exactas.

-Si lo deseas son tuyos, sirven para ver más allá de lo que hasta ahora has visto, puedes hacer muchas cosas con él. Ahora, sólo las personas que puedan ver tu corazón, verán ese brillo frente a la luna llena. Cuídalos, son tu tesoro.

No sé que pasó después, sólo sé que cuando me di cuenta, estaba en mi cama y tenía la sensación de que todo era un sueño. Al día siguiente, me inventé una excursión para volver a ese sitio, no lo encontré, parecía sacado de mi imaginación. Pero una persona me hizo saber que no era inventado con una frase tan simple como: “¿Te has puesto lentillas?

FIN… ¿o no?

La llama eterna.

Y el ángel cayó…

miércoles, 15 de octubre de 2008

Y el ángel cayó… Y quedó olvidada en medio de un extenso bosque. Ella no encontraba salida y nadie se preocupaba por ella. Ella se sentía un mal bicho… Y sus alas marchitaron y no podía dejar de llorar. Marcaba con su sangre cada paso que daba. Estaba agotada, pero aún así seguía, pero no era suficiente. Necesitaba un soplo de aire renovado para poder volver a alzar el vuelo y que sus alas cogieran ese brillo especial que antes tenían.

Y el ángel cayó y sólo vio unos cuervos que parecían mofarse de su desgracia, como si planearan sacarle los ojos a picotazos en el mismo momento en el que sus fuerzas flaquearan y no pudiera seguir. Pero ella confiaba en que ese soplo llegaría, cada vez con menos ilusión, con menos fuerzas… Pero sin perder la esperanza.

Y el ángel cayó y con ella cayeron sus sueño, ahora tan lejanos. Y así, lágrima a lágrima, sentía que tenía lejos todo lo que realmente le importaba…Y no lo podía alcanzar. ¿Por qué toda su vida alzaba el vuelo alejándose de ella, mientras veía que ella no podía volar? Por eso, el ángel cayó en un mar de lágrimas y sollozos. Sus alas empezaban a parecer negras, y con ello conseguía que nadie se acercara a ella, sólo los cuervos. Sólo lo malo… ¿Dónde quedaba lo bueno? Realmente, ya lo había olvidado. Hacía tanto tiempo ya… O al menos, a ella le había parecido tan largo… Ya no lo recordaba. ¿Cómo conseguir volver a volar cuando ya no recuerdas dónde debías ir volando? Envuelta en la tristeza en la que un día quedó ahogada su vida, ahogada en ese mar de lágrimas, obligada a marchitarse al ritmo de sus alas, asustada de la risa de los cuervos,… Sólo quiere quedarse sentada en un rincón y llorar. Sólo quiere un hueco entre dos rocas para esconderse.

Y así, el ángel cayó…

La llama eterna.

DIARIO DE UN DEPRIMIDO.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Llega el momento más temido por mí… Empiezo a parecer un maldito emo. Ya no soy persona, siento una pena tan grande dentro de mí y que me ahoga de una manera tan inmensa, que ya no sé si llorar o reírme de la vida para al final terminar llorando. Pero al final siempre llego a la conclusión de que llorar será más sencillo, ahorro los preliminares… Mentira.

Da igual que llore, que ría o que entierre mi cabeza para no ver más luz. Al final, toca asumir la vida y aunque no te guste, mirar a tu alrededor y observar que todo es una mierda, igual que antes de meter la cabeza en ese hoyo y empezar a echarte tierra encima.

Siento pena de mí misma… Siempre me lamenté de todas aquellas personas que sólo son capaces de ver el lado malo de las cosa, pero… ¿Realmente hay un lado bueno? Ya no lo sé, ya no estoy segura de nada. Esta situación está cambiando mi forma de ser, me está convirtiendo en una resentida y me odio por ellos. Yo no soy así, yo no era así mejor dicho… ¡¡¡Quiero volver a ser yo!!! Quiero sacar de mi todo ese odio, rencor, pena o como quieras llamarlo; quiero salir del abismo en el que me he metido sin querer; quiero que todo vuelva a ser como era antes…

Definitivamente, me odio, no es culpa de nadie, pero es así…

La llama eterna.

No todo es como aparenta...

miércoles, 11 de junio de 2008

... exacto, no todo es como parece ser. Aún quedan cosas tan mágicas, que son capaz de sorprender a cualquier persona. Por mucho que todo el mundo esté acostumbrado a ver las maravillas más maravillosas y las bellezas más bellas...


A veces, la flor más bella puede llegar a asfixiar con su perfume... Otras veces, sin embargo, el aire le roba ese aroma dejando a la flor insulsa y moribunda.

Definitivamente, nada es lo que parece. O simplemente, las cosas son tan obvias que tus mismos ojos se engañan y no te dejan ver más allá de lo que miras.

¿Un juego de palabras o una verdad enorme?

No lo sé, las cosas no son lo que parecen....


La llama eterna.