Y el ángel cayó… Y quedó olvidada en medio de un extenso bosque. Ella no encontraba salida y nadie se preocupaba por ella. Ella se sentía un mal bicho… Y sus alas marchitaron y no podía dejar de llorar. Marcaba con su sangre cada paso que daba. Estaba agotada, pero aún así seguía, pero no era suficiente. Necesitaba un soplo de aire renovado para poder volver a alzar el vuelo y que sus alas cogieran ese brillo especial que antes tenían.
Y el ángel cayó y sólo vio unos cuervos que parecían mofarse de su desgracia, como si planearan sacarle los ojos a picotazos en el mismo momento en el que sus fuerzas flaquearan y no pudiera seguir. Pero ella confiaba en que ese soplo llegaría, cada vez con menos ilusión, con menos fuerzas… Pero sin perder la esperanza.
Y el ángel cayó y con ella cayeron sus sueño, ahora tan lejanos. Y así, lágrima a lágrima, sentía que tenía lejos todo lo que realmente le importaba…Y no lo podía alcanzar. ¿Por qué toda su vida alzaba el vuelo alejándose de ella, mientras veía que ella no podía volar? Por eso, el ángel cayó en un mar de lágrimas y sollozos. Sus alas empezaban a parecer negras, y con ello conseguía que nadie se acercara a ella, sólo los cuervos. Sólo lo malo… ¿Dónde quedaba lo bueno? Realmente, ya lo había olvidado. Hacía tanto tiempo ya… O al menos, a ella le había parecido tan largo… Ya no lo recordaba. ¿Cómo conseguir volver a volar cuando ya no recuerdas dónde debías ir volando? Envuelta en la tristeza en la que un día quedó ahogada su vida, ahogada en ese mar de lágrimas, obligada a marchitarse al ritmo de sus alas, asustada de la risa de los cuervos,… Sólo quiere quedarse sentada en un rincón y llorar. Sólo quiere un hueco entre dos rocas para esconderse.
Y así, el ángel cayó…
La llama eterna.
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